Las noticias aparecidas en numerosos medios de comunicación a raíz de los accidentes sufridos por cazadores el pasado fin de semana han creado una alarma social que no se corresponde con la realidad.De entrada, cualquier fallecimiento, sobre todo en una actividad lúdica, se nos antoja doblemente lamentable y gratuito. Pero a veces se concitan una serie de circunstancias, entre las que no es la menos frecuente la imprudencia y la insensatez, que provocan un desenlace fatal.
No parece lógico que en un solo fin de semana se produzcan casi la mitad de los fallecimientos que según las estadísticas que maneja Mutuasport se registran en un año. De ahí el interés de los medios de comunicación por conocer una realidad que alguno de ellos, más radical y poco informado, ha calificado de extremadamente peligrosa e inaceptable para una sociedad moderna.
Para poder emitir una opinión cualificada, sobre todo si ésta va ser difundida para conocimiento general, hay que estar en posesión de todos los datos referidos al tema que se pretende analizar y lo que es más importante, qué reglas aplicar para interpretar correctamente su contenido.
No vamos a negar en modo alguno que la caza es una actividad de riesgo y que se producen accidentes. Unas veces son las condiciones del terreno, otras el manejo de las armas de caza, los perros utilizados en la misma o las especies de caza mayor las causas que originan los siniestros.
Analicemos las estadísticas de siniestros registrados por Mutuasport en 2010 y concluyamos si hay razones para ésta pretendida alarma social : Sobre un total de alrededor de 600.000 cazadores asegurados en nuestra Mutua, se han producido en el pasado año 2.826 siniestros. Pero hay que puntualizar que en dicha estadística se recogen expedientes relativos tanto a daños corporales (lesiones o fallecimiento) como los referidos a daños materiales (coches, perros, armas, atropello de especies cinegéticas, etc. ), siendo estos últimos los más numerosos con diferencia ( 2.163, es decir, casi el 80%).
El 20% restante recoge todo tipo de lesiones, desde fallecidos hasta meniscopatías. Por cierto, es sorprendente la frecuencia con que se produce este tipo de lesión?? entre los cazadores, 110 el pasado año.
Conviene resaltar para la correcta interpretación de la cifra de fallecidos que, de los 14 que recoge la estadística, no se puede considerar accidente de caza en 8 de los casos ya que el fallecimiento se produjo por causas naturales (infarto, embolia cerebral…) o bien el óbito se produjo “in itinere”, ya que en ésta última circunstancia Mutuasport, dentro de las coberturas de su Póliza de Accidentes, tiene estipulada una cantidad para traslado de cadáver, etc.
Un solo muerto en la caza ya es un precio excesivo a pagar por la práctica de una actividad que lo que busca es el disfrute de la naturaleza en su estado más puro y la oportunidad de evadirnos del agobio al que nos somete cada día esta sociedad denominada del progreso, pero a nadie se le ocurriría prohibir el montañismo por el hecho de que todos los años se cobre algunas vidas entre sus practicantes.
Tanto Mutuasport como la Real Federación Española de Caza son conscientes de que una tarea primordial para minimizar los accidentes es educar y concienciar a los cazadores de que son portadores de una herramienta potencialmente letal y que toda precaución en su manejo es poca, por eso se organizan cursos de tiro y manejo de armas coordinados por la Escuela Española de Caza, se celebran reuniones con las distintas Sociedades Federadas y se aprovecha cualquier ocasión para inculcar el concepto de seguridad por encima de todos los demás.
Como en cualquier colectivo es inevitable que algún insensato ignore las normas e incluso la legislación en materia de seguridad, pero de ahí no podemos concluir que todos los cazadores son unos insensatos, ni dejan las armas cargadas para que jueguen los niños, ni son un peligro para la sociedad.
Departamento Comercial
